Bogotá. – Colombia cerrará cinco de sus ocho embajadas en
África. El anuncio del presidente electo Abelardo de la Espriella, que incluye
las misiones en Argelia, Etiopía, Ghana, Senegal y Sudáfrica, reduce a la mitad
la presencia diplomática del país en el continente y deja apenas cuatro sedes:
Egipto, Marruecos, Kenia y una apertura anunciada en Nigeria. Para el director
del Observatorio Latinoamericano de Desarrollo Sostenible (OLDS), Alberto Castillo
Aroca, la operación no puede llamarse reorganización. "Es un retiro, y
llega en una coyuntura compleja", afirmó.
El gobierno entrante presenta la apertura en Nigeria como contrapeso de los cierres, y el OLDS sostiene que no lo es. "Celebro la embajada en Nigeria y además llega tarde: son más de 200 millones de personas y una de las dos economías más grandes del continente.
Pero Nigeria es un mercado
y Addis Abeba es una mesa: en uno se vende, en la otra se decide, y no se
canjean", explicó Castillo Aroca, quien señaló una asimetría que el debate
ha pasado por alto. Los cierres son ejecutables por decreto desde el 7 de
agosto, mientras la apertura sigue siendo una promesa sin fecha ni presupuesto
publicado. "Colombia va a perder cinco sedes con certeza y a ganar una con
expectativa. Ese no es un canje, es un saldo en rojo".
Lo que se abandona en Etiopía no es una relación bilateral corriente. Addis Abeba es la sede de la Unión Africana 55 Estados miembros, 54 de ellos miembros de las Naciones Unidas, y miembro permanente del G20 desde 2023 y de la Comisión Económica de la ONU para África, con una de las mayores densidades de misiones diplomáticas del mundo: es, en la práctica, la capital política del continente.
"En la Asamblea General rige un país, un voto, y
toda candidatura colombiana a la FAO, la OMS, la OACI o el Consejo de Derechos
Humanos se gana o se pierde con el Grupo Africano, que se coordina en Addis
Abeba. Estamos cerrando la puerta de la sala donde 54 países deciden cómo
votan, para quedarnos afuera esperando que alguien nos cuente qué pasó
adentro".
De las cuatro sedes que sobreviven, dos están en el norte árabe-mediterráneo y una en la costa oriental, de modo que desaparece la representación ante el organismo político africano.
Castillo Aroca habla aquí
de lo que conoce de primera mano: vivió en Etiopía dirigiendo consorcios
humanitarios de gestión de información para el sistema de las Naciones Unidas,
en el nexo entre la ayuda humanitaria y el desarrollo, y trabajó de forma
constante desde Egipto.
"Trabajé en las dos capitales y por eso puedo decir con precisión que no son sustitutas. El Cairo es el Mediterráneo, el Canal de Suez y el mundo árabe: allí Colombia habla con una región.
Addis Abeba es África
hablando consigo misma: allí se negocia el voto del continente. Quedarnos solo
con El Cairo es mirar África desde una sola orilla del Nilo. Y aprendí algo que
no se ve desde un escritorio en Bogotá: allá la relación no se sostiene por
protocolo sino por presencia, porque el día del acuerdo, de la votación o de la
crisis existe quien está y quien no está, sin una tercera categoría".
El costo económico se mide en el mismo lugar. Etiopía supera
los 130 millones de habitantes, es la segunda nación más poblada de África y
una de las economías de mayor crecimiento del continente en la última década,
miembro de los BRICS desde 2024, sede del principal centro de conexión aérea
africano y uno de los mayores aportantes de tropas a las operaciones de paz de
la ONU.
Es también el centro de origen del Coffea Arábica y el mayor
productor africano del grano, un punto que para Colombia no es anecdótico.
"Con Etiopía nos une la cultura cafetera y eso no es folclor, es interés
nacional. Competimos en el mercado, porque el precio del arábica se fija en
Nueva York y no en una embajada, pero el reservorio genético silvestre con el
que nuestro café se defenderá de la roya y del calor está en los bosques
etíopes, y ante la Unión Europea nos exigen exactamente lo mismo: un bloque de
países de origen negocia estándares, un exportador solo los recibe".
El OLDS advierte además que no existe criterio público para
los cierres africanos. La balanza comercial de los países afectados es mixta en varios Colombia vende más de lo que compra y de algunos no se ha publicado
cifra alguna, y el servicio exterior completo representa el 0,35% del
Presupuesto General de la Nación. "Para Cuba y Nicaragua el presidente
electo dio una razón explícita y el país puede debatirla; para África no dio
ninguna. La pregunta entonces es simple: ¿Cuál es el criterio para salir del
continente más joven del mundo y con mayor perspectiva de crecimiento"?
El precedente, recuerda el Observatorio, es colombiano y reciente: en 2002, dentro del programa de austeridad del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, el país cerró 12 embajadas y 9 consulados, y casi todos fueron reabiertos por administraciones posteriores. "Conocemos el final de esta película.
El ahorro duró un gobierno, la pérdida de posición duró una década y
reabrir salió más caro que haberse quedado, porque cerrar una embajada toma un
decreto y reconstruir veinte años de confianza no lo logra ningún
decreto".
Castillo Aroca pidió a las Comisiones Segundas de Senado y
Cámara que exijan a la Cancillería publicar la matriz de costo-beneficio misión
por misión antes de ejecutar los cierres, que el ahorro se reasigne a
diplomacia comercial en lugar de eliminarse, y que se conserve una
representación permanente ante la Unión Africana aun si se reorganiza el
esquema bilateral. "Un país no se mide por cuántas oficinas cierra, sino
por cuántas mesas ocupa."
Sobre el OLDS
El Observatorio Latinoamericano de Desarrollo Sostenible
monitorea la implementación de la Agenda 2030 en Colombia, República Dominicana
y Venezuela. Su director, Alberto Castillo Aroca, es economista y científico de
datos, líder internacional en sistemas de información humanitaria y de
inteligencia artificial, líder del Grupo de Desarrolladores de Google de Santo
Domingo y experto en la materia según AWS.
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